La tristeza no tiene fin, la felicidad sí.
Hace algún tiempo, lei en una columna de Fuguet, del mercurio, la idea de que uno no leia nada por casualidad, que los libros llegaban a nosotros en el momento justo, que nada de lo que leiamos era tan al azar.... bueno esa idea podria llevarnos a un realismo magico extraño... muy extraño viniendo de pàlabras de mi querido Alberto . Bueno, esa idea la habia olvidado hasta esta semana, en donde el ocio y mi escases de libros me llevo a tomar un libro que compre años atras en al feria del libro, en una oferta nada despreciable, libro que había pasado de mano en mano de amigos, pero que no habia aterrizado del todo en mis dominios, esta adquisición pero que ahora me tiene tan contenta .... como la vez que me regalaron (pirateada) toda la discografia de Sabina ( mi otro gran amor junto a Alberto Fuguet y Doctor House) El libro: Tokio ya no nos quiere, autor Ray Loriga. El libro habla de un vendedor viajero, pero no cualquiera, uno que carga como mercancia una sustancia " Quimica" capaz de hacer que olvidemos nuestros recuerdos, la mayoria de sus clientes son casuales y desean olvidar algún episodio de sus vidas del cual no se sienten nada orgullosos. Obvio, que al tratar de olvidar algo determinado, olvidamos de pasada lo importante, cosas accesorias... esas cosas accesorias que en la vida forman lo importante. Por que .... como dice Loriga, es extraño que la gente que para uno apenas importa signifique tanto para otros, como el nombre de un caballo ganador en las manos de otro apostante, al final de la carrera. En el libro, asi como creo que es en la vida real, el que olvida un hecho queda con la sensación amarga de algo..... , esto viene a colación y es por que el libro me ha tenido rayando la papa, de mi relación con las mujeres. Siempre , he tenido al idea que tengo gran facilidad para hacer amigas, que puedo comunicarme con facilidad con mis compañeras de genero, y hacer buenas migas, pero asi como lo que facil viene facil se va. Cuando existe uan pelea, me alejo como si mi ex amiga de turno padeciera de un brote infeccioso de lepra. Con los años, y la madurez ( espero qeu sea eso) reconozco que las peleas y desencuentros, han sido parte de la competencia natural con las amigas, que son idioteces, que nunca nada fue tan grave. Pero aun asi, con el razonamiento en uan mano, las sensaciones en la otra no me permiten reanudar mi amistad con mi ex-amiga. Como en uan boda judia, tratando de pegar la copa rota. Por que como dice Loriga, la pobreza es de color.